críticas de arte por autores

Héctor Carrión entre el concepto de la action painting y la intuición del momento
Joan Sureda
La creación plástica actual atraviesa a no dudar un momento de confusión en el que convergen desde la investigación de nuevos materiales y nuevos medios expresivos, hasta el conservadurismo a ultranza de lo dieciochesco pasando por el "dejar hacer" de los neoimpresionistas, por el oportunismo de ciertos abstractos y por la mal entendida y práctica artesanía de alguna tendencias realistas. No es de extrañar, por tanto, que el artista que intenta comunicar(se) a través de la pintura, la escultura, el dibujo o cualquiera otra de las técnicas plásticas tradicionales se halle ante el dilema de buscar luz ante la confusión o sin olvidar la carga informativa de la tradición, volver a lo presumiblemente inicial, a lo que cabría calificar de esencia frente a lo contingente, de genérico frente a lo concreto Héctor Carrión parece seguir o, al menos acrisolarse en esta última posibilidad.
Las obras de Carrión, no su obra ni cada una de ellas, son más búsqueda que encuentros; búsquedas en la significación del plano de color, en el rompimiento de la mancha, en la múltiple utilización de la línea. Si bien en algunos casos el elemento referencial, el anecdótico queda patente, nunca adquiere significación en tanto que, sino más bien en tanto como , según un criterio de apurar al máximo las calidades potenciales del espacio virgen, del soporte, de la versalidad del papel, del gesto y de la intuición en un momento dado y del concepto en la mayoría de los casos. Sus pinturas en pastel y también sus oleos aparecen como surgidos del caos, como en un absoluto estadio transformacional, como instantes dinámicos, aprehendidos en un tiempo creacional. En otras ocasiones, sin embargo, esa expresión que en último término tendría que ver con la action painting y aún con el primer Kandinsky, se torna orden, un orden heredado de un Barnet Newman, por ejemplo, pero tamizado por la tensionalidad emocional, aunque implícita en un orden racionalista de Paul Klee. Y todo ello expuesto a través de un profundo respecto a la materia, a las exigencias y a las prestaciones de determinadas técnicas, lo que provoca una lectura eminentemente plástica de las obras de Carrión, una lectura inicial sin ambigüedades de significación, puesto que ésta se halla en la propia presencia y existencia de los espacios virtuales, de las superficies, de los trazos volumétricos no manipulados en su definición, de las onduladas líneas y del, por lo común, sombrío cromatismo.

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